sábado, 4 de febrero de 2012

La bata de plomo




Érase un vez una niña que soñaba con ser médica de familia. Estudió muchos años hasta que por fin lo consiguió. Tras mucho, mucho esfuerzo logró vestir esa bata blanca con alas para volar en su profesión. Era feliz.

Comenzó con mucha ilusión y planeaba en la consulta explorando, estudiando, diagnosticando, tratando, previniendo, educando y cuidando.

Con el tiempo la bata iba pesando más y cada día le costaba más despegar.

Sus bolsillos se iba llenando de recetas de diferentes colores, de justificantes de reposo domiciliario, de un sistema informático poco útil, de muchos pacientes en poco tiempo, de burocracia de la residencia, de informes para todo, de horas de retraso, de no poder ni mirar a sus pacientes...

La bata pesaba, se cargaba cada día más y más y más...

Sin embargo era tanto su empeño en volar, que luchaba contra ese peso. Iba antes a la consulta para hacer burocracia, hacía los avisos fuera de su horario laboral, y estudiaba muchísimo para poder pensar más rápido y hacer su trabajo mejor. De esta forma, más o menos conseguía volar.

Un día cuando la bata pesaba tanto que casi no se la podía poner, llegó la noticia de que tenía que aumentar su jornada laboral. Y la novedad no era que fuese a tener más tiempo para los pacientes, sino que tendría que pasar la consulta más horas al mismo ritmo. Era imposible, no podría mantener el vuelo.

Las lágrimas brotaron de sus ojos, lloró y lloró hasta empapar la bata, y las alas estaban tan húmedas que no se podían mover.

No entendía que a pesar de realizar esos vuelos tan pesados quisiesen cargarla con ese lastre. Acaso no veían en que condiciones volaba.

Ella lo intentó y chocó, lo volvió a intentar y se equivocó, lo volvió a intentar y se estrelló.

Estuvo un tiempo arrastrando la bata, la arrastraba, tiraba de ella con todas sus fuerzas.

Al ver que no podía volar cogió la bata y la quemó.

9 comentarios:

paloma dijo...

Al ver que no podía volar, se arrastró y le sobrevino la noche. Una mala y larga noche pero por la mañana salió el sol, al principio tímido pero iba abriéndose camino en la mañana. Ese sol le secó las mojadas alas a la niña que al muy poco tiempo volvió a sentirse segura para continuar con su vuelo. La niña comprendió que la lluvia y la noche estaban ahí y no tardarían en volver por eso mientras que fuera de día volaría y volaria disfrutando de ese talento que le había sido concedido....

Anónimo dijo...

no puede ser... en este mundo hace mucha falta niñas con alas...las cosas se ven peor por la noche... Mañana saldrá el sol y será un día mejor. TQM. LB

Inmaculada Sánchez Vázquez dijo...

No os preocupéis, que de momento voy a seguir al pie del cañón. Entregándome en cuerpo y alma. Pero, por qué no dejan de maltratar al medico de familia?

Laura dijo...

Desde siempre quisistes volar...y lo has conseguido...eres genial y has volado hasta lo mas alto: como persona, como médica, como profesional...nunca te rindas porque gracias a lo fuerte que apuntas haces que muchisimas personas, como yo, nos sintamos mejor.
Ánimo Inma...ojala algún día llegue a volar tan alto como tú..eres admirable¡¡¡

Anónimo dijo...

¿Por que no cuidan al medico de familia?
Porque se aprovechan de su vocación, de su formación, de su nivel adquisitivo no precario(tampoco elevado), de su falta de asociación para la rebeldía, de la mala praxis de algunos funcionarios....
Algunos tiran mas que otros en esta crisis y siempre y se puede asumir... Pero ¿y si nos pasamos y cargamos de mas al burro?

¿Y si ya no puede despegar la niña porque la bata es demasiado pesada?

Nos recibirá con un gesto apático de ventanilla de registro civil, nos mirara como individuos que desfilan por la consulta, nos cuestionara las bajas, recelara de la solicitud de una receta, no ira mas alla de lo evidente para hacer prevención.

Hay que hacer una mejor gestión de los recursos, pero hay que saber valorar los recursos

Inmaculada Sánchez Vázquez dijo...

Espero no llegar a eso. En mi caso me siento valorada tanto por los pacientes como por el equipo, desde administración hasta el director de centro. Esto estimula mi motivación y obliga a compremeterme en un vuelo responsable y orientado a la excelencia.
Pero, efectivamente si no se valora y se cuida los recursos la bata pesará tanto que será muy difícil mantener el vuelo. Y comenzar la marcha cuando sabes que te vas a estrellar no es nada ético.
Gracias por los comentarios. Estas reflexiones me enriquecen.

Estefania dijo...

POr desgracia esa bata la llevamos muchos y no me gustaría que por culpa del sistema dejáramos que el peso pueda con nosotros.

Jose Luis Tello. dijo...

No acredito que tus alas pesen tanto, en el poco tiempo que nos conocemos he visto a una Medica de Familia, volando libre,con ilusión,con pasión, con fuego,con sapiencia científica y administrativa, con alegría, con....

Existen días aciagos, impacientes y pacientes,ciudadanos con modales y ciudadanos con escaso sentido del saber estar, como Medico de Familia sabemos su Diagnostico y Tratamiento (en esto nos diferenciamos), solo que aquellas dolencias de conductas sociales, son difíciles de tratar en esta sociedad actual acostumbrada a la farmacopea.

Ver a Medicas de Familia como tu, me permite tener una sesión terapéutica universal, accesible, equitativa, gratuita, en esos días en los que uno tiene un mal día en la consulta, y lo mejor sin pagar la Seguridad Social.

Ah! El fuego es purificador, y las lagrimas no olvidemos que son H20, elemento básico para la vida.

Boa noite, e muito obrigado pela sua colaboraçao.

Anónimo dijo...

Lo más admirable que tenemos los humanos sabiduría y generosidad son el fundamenta de estas picaduras que nos instruyen, nos entretienen o nos provocan lagrimas que nos limpian para que luego podamos reír. Gracias Inma.